Pero el amor, esa palabra...
veneno y miel

Y tal parece que soy una de las pocas personas que les gusta más escuchar que hablar, pero no lo puedo callar todo, por eso me creé un blog.

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Cuando aún nos cueste despertar por la mañana sin evitar mirar al otro lado de la cama, por si aún no nos hemos ido
9 de marzo de 2014 (8:17 p. m.) | 0 flores

 La soledad debe de ser como una noche sin estrellas. Nos estuvimos quemando un tiempo, pero supongo que nadie vino a salvarnos porque las cenizas las teníamos por dentro. Terminamos siendo un montón de ruinas, y no es algo bonito, no vendrán turistas a contemplarnos, dentro de un tiempo, cuando aún nos cueste despertar por la mañana sin evitar mirar al otro lado de la cama, por si aún no nos hemos ido y aquella despedida no fue más que un maldito, estúpido e irreal sueño. No lo fue. Y desde entonces sobrevivimos lo mejor que podemos, es decir, morimos lo peor que sabemos, pero morimos; y no es que dejemos de vivir, sino que empezamos a no saber hacerlo. Primero el pie derecho, luego el izquierdo, luego otra vez el derecho y, de nuevo, el izquierdo, y así caminar, que la gente sepa que sigues vivo a tu manera, o a la suya, porque por dentro estás ausente, como cuando el teléfono suena de madrugada y nadie responde la llamada a tiempo. "¿Quién es?, ¡¿dígame?", y contesta el silencio. Así mismo es la vida después de una despedida. No sabría explicarme, pero sé que tengo razón. Y pasarán los meses, otoño vestirá de marrón los parques, y la lluvia caerá sobre todas esas veces que nunca lo intentamos; borrará los caminos por donde pasamos, los atajos que cogía para llegar a tu casa antes de que empezase a echarte demasiado en falta. Pasará el tiempo y todo lo demás. Olvidar no sé si olvidaremos, lo único que sé es que, en algún momento, podremos empezar a recordar a alguien como si tú y yo nunca hubiésemos sido nosotros. Será como hacer una mudanza en la que, en lugar de muebles, nos mudamos el uno al otro de nuestras mentes. Y ya no nos doleremos. Ya no.

Autor desconocido